El país necesita de todos ellos

Sabado 21 de Abril de 2018. 09:00am

Entre los 15.597 candidatos que competirán mañana por 782 cargos electivos, hay corruptos contumaces y violadores flagrantes de la Constitución, pero también personas honorables, muchas de ellas relativamente jóvenes, que desean prestar un servicio al país desde la función pública, sometiéndose al escrutinio de sus conciudadanos y conciudadanas. Entre ellos hay quienes ya tienen alguna experiencia en el ruedo electoral, en tanto que otros son principiantes.

Posiblemente muchos de estos buenos candidatos no conquisten el cargo al que con todo derecho aspiran, porque las listas cerradas y bloqueadas coartan la libertad del votante o porque tuvieron dificultades en la organización o financiación de sus movimientos. Si ese fuera el caso, no deberían desanimarse recluyéndose de nuevo en la vida privada, pues lo que más desean los sinvergüenzas que hoy enlodan la política y deshonran las instituciones es justamente eso: que los buenos se queden en sus casas, de tal forma que ellos puedan tener mejores chances de ser reelectos. Quienes creen tener vocación de servicio al país no deben rendirse nunca ni desertar de su empeño; por el contrario, deben mantenerse activos y presentarse como una futura alternativa para impedir que los malandrines continúen prostituyendo los Poderes Legislativo y Ejecutivo, así como los gobiernos departamentales y municipales.

En vez de retornar a la comodidad de la inacción, en el ínterin de las elecciones periódicas es preciso que estos buenos candidatos activen en los asuntos que atañen a sus respectivas colectividades y esferas de acción, para hacerse conocer por su vocación de servicio y por sus buenas acciones, acompañando los justos reclamos ciudadanos.

Son variados los ámbitos en que un ciudadano o una ciudadana tiene la posibilidad de actuar en beneficio de los demás, sin esperar otra recompensa que la satisfacción de contribuir, de alguna manera, a mejorar la convivencia o la suerte del prójimo, haciéndose conocer de paso. Las comisiones vecinales, las cooperativas, las organizaciones benéficas y gremiales, los clubes sociales y deportivos, las propias empresas privadas y el voluntariado, trabajando codo a codo con los demás, son espacios en sí mismos idóneos para forjar un Paraguay más acogedor para sus hijos. Es decir, no es preciso ser presidente, legislador, gobernador, intendente o concejal para hacer algo por el país, sino solo tener las ganas de participar allí donde se pueda ser útil.

Quienes aspiran a contribuir aun más al bien común desde un cargo electivo nacional, departamental o municipal pueden tener una buena carta de presentación si a una tarea exitosa realizada desde la sociedad civil le suman, a través de la prensa, el interés en los asuntos políticos, económicos, sociales o culturales de la Nación. Deben aprovechar la libertad de expresión y de prensa para que sus conciudadanos sepan que son personas capaces y probas, consustanciadas con el pueblo.

Si un paraguayo o una paraguaya está realmente convencido de que puede hacer algo por el país, ningún traspié electoral debería disuadirle de volver a intentar en el futuro que sus compatriotas le confíen un cargo público.

Cuando los mejores abandonan el escenario político, ganan los haraganes, los mediocres y los corruptos, que son tenaces y se aferran con uñas y dientes al botín alcanzado.

Aquellos postulantes que de verdad se sientan comprometidos con el bien común y que no sean ungidos en estas elecciones tienen el compromiso cívico y moral de seguir bregando desde la llanura para que la indolencia, la ignorancia y la corrupción sean erradicadas de las instituciones republicanas. Los cargos electivos no son vitalicios, de modo que más temprano que tarde será posible que los buenos desplacen a los actuales impresentables.

El país necesita de ellos.

 

Abc

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